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LA NOCHE DE LOS ASESINOS

Viernes 27 Enero 2012

Por: Gervasio Sànchez.  Herat (Afganistán)
Estados Unidos y sus aliados europeos tienen un grave problema: quieren buscar una salida negociada al conflicto afgano sin importar el precio.

Un grave error táctico ha sido poner fecha a la salida de las tropas internacionales y ahora buscan desesperadamente compromisos imposibles con los talibanes, cuyos comandos cada día más activos desnudan y ridiculizan el sistema de seguridad en pleno corazón del poder militar y político extranjeros en Kabul.

El guión afgano no tiene nada que ver con las aspiraciones de los occidentales, obsesionados con pactar con el diablo para que les ordene el desbarajuste de la última década.

El ahora “mártir” Burhanuddin Rabbani tenía asuntos pendientes con muchos señores de la guerra contra los que combatió hace 15 años, cuando Afganistán no formaba parte del tablero de intereses occidentales y había sido expulsado del paraíso mediático. Por eso su asesinato sólo puede sorprender a quienes no conocen la idiosincrasia afgana.

Los ajustes de cuentas y la búsqueda de la venganza forman parte de la mitomanía violenta de los afganos. Al actual presidente del Consejo Superior de la Paz, organismo repleto de hombres que han hecho de la guerra su negocio particular, lo han podido matar los talibanes o cualquiera con ansias de ajustar el reloj de la venganza.

Por muchas condenas y condolencias que salgan de los labios de los diplomáticos occidentales, alabando a un hombre con crímenes de guerra en su biografía más remarcable y escondida, por mucho que hablen ahora de sus esfuerzos “inagotables” para lograr la paz, Rabbani forma parte de la noche de los asesinos de Afganistán, junto a los dos vicepresidentes del país, el tayiko Mohamed Fahim y el hazara Abdul Karim Khalili, importantes parlamentarios como el pastún Abdul Sayyaf y ex miembros destacados del gobierno como el uzbeko Abdul Rashid Dostum.

El problema de este país es que los asesinos pasean su impunidad con un desparpajo sonrojante ante la pasividad de la comunidad internacional, incapaz de confiar en una generación de políticos sin vinculaciones con los crímenes de etapas anteriores. No es serio que los señores de la guerra sean los custodios de un proyecto de pacificación.

Durante la jornada de ayer el crimen de Rabbani fue atribuido a los talibanes aunque portavoces de este movimiento fundamentalista negaron su participación. “En su emisión de esta mañana  de la emisora local Azadi se ha dicho que los talibanes han asumido su responsabilidad, lo que es totalmente falso”, afirmó Zabiulá Muyahid, portavoz de la insurgencia.

La confusión incide aún más en la inseguridad. Muchos compañeros de Rabbani en el parlamento o en la institución que presidía deben estar muy preocupados ante la posibilidad de convertirse en los siguientes de la lista de muertos.

Si el asesinato ha sido cometido por los talibanes el incipiente proceso de negociación está prácticamente muerto. El gobierno afgano y sus padrinos occidentales tendrán dificultades para extender de nuevo las manos a los asesinos de Rabbani.

Si el asesinato ha sido realizado por orden de un señor de la guerra rival, los servicios secretos de un país limítrofe o tiene relación con un ajuste de cuentas nadie podrá fiarse del vecino y todos endrán que convivir con el miedo.

El asesinato de Rabbani coincide con una ofensiva talibán que está afectando a diferentes provincias del país. Los ataques selectivos están haciendo más daño que los atentados con coches bombas.

Los comandos talibanes demuestran su facilidad para escabullirse de los servicios secretos afganos y occidentales y aparecen cuando menos se espera realizando acciones armadas muy arriesgadas y muy sonadas que golpean psicológicamente a la policía y ejército afganos, inmersos en una reestructuración y preparación militar que les permitan hacerse cargo de la seguridad en 2014, coincidiendo con la retiradas de las fuerzas militares internacionales.

El presente artículo fue originalmente escrito para “Los desastres de la Guerra”, el blog de Gervasio Sánchez en el Heraldo de Aragón, España.

Sobre el autor:
 

Gervasio Sánchez, ha cubierto diversos conflictos en América Latina, la guerra de los Balcanes en la ex Yugoslavia, y ha sido testigo de la tragedia en conflictos de África y Asia; fue nombrado “Enviado especial de la UNESCO por la paz” (1998) y ha recibido diversos reconocimientos, entre ellos el Premio LiberPress, (2005) por su labor en favor de la libertad de prensa y la denuncia de las injusticias.  Es autor de varios libros y ensayos fotográficos como “El cerco de Sarajevo”, “Los ojos de la guerra”, “Salvar a los niños soldado”, “Sierra Leona, Guerra y Paz”, así como del proyecto “Vidas minadas”, cuyas imágenes fueron galardonadas en los Premios Ortega y Gasset de Periodismo 2008.

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