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La trata de personas aprovecha el vacío legal del Caribe

Lunes 23 Noviembre 2009

Inmigrantes de todas partes del mundo son engañados por bandas organizadas que los abandonan en países caribeños, haciéndoles creer que han llegado a su destino deseado: Estados Unidos o Canadá


Con sus cientos de islas tranquilas, rodeadas de aguas azules, el Caribe no sólo atrae a turistas, sino también a oportunistas sin escrúpulos. Traficantes deseosos de obtener una ganancia rápida, independientemente del costo humano, ofrecen sus servicios a migrantes que sueñan con encontrar una vida mejor en los Estados Unidos.

Para estas bandas no hay nada más fácil que deshacerse de un refugiado asiático en un pequeño Estado insular del Caribe y decirle que está cerca de Canadá, o decirle a un refugiado del Medio Oriente que ya está en Florida.

Pueden pasar días o incluso semanas antes que los migrantes y los refugiados desorientados sepan exactamente en qué lugar del mundo están. Para entonces ya pueden hacer muy poco, puesto que el viaje casi siempre se paga por adelantado. En realidad es una ganancia si han logrado evitar acabar a la deriva en un barco sin comida ni agua y que, además, se hunde.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha establecido un sistema de voluntarios en diez localidades clave del Caribe para tratar de ofrecer protección a estas personas, de especial interés para la Agencia de entre las miles que cada año toman la ruta hacia el norte, hacia los Estados Unidos, a lo largo de sinuosas y entrecruzadas rutas marítimas.

Este será uno de los temas a debatir en la Conferencia regional sobre migración mixta y protección de refugiados, cuya apertura se dará el jueves en la capital costarricense de San José.

La mayoría de los que se dirigen hacia el norte proceden de la región del Caribe o de América Central y del Sur.
Un número menor proviene de otros continentes incluyendo a africanos occidentales que cruzan el Atlántico, y refugiados que huyen de conflictos o persecuciones desde lugares Irak, Somalia y Sri Lanka, personas intentan llegar a América del Norte desde el sur.

Durante períodos de conflicto político o de disturbios en algunos estados del Caribe mismo, las cifras de migrantes han aumentado a veces hasta las decenas de miles.


Cifras negras y sistemas débiles de protección en el Caribe

Las estadísticas de los Guardacostas de Estados Unidos sobre la cifra de interceptados y devueltos sólo muestran una parte de la historia. Nadie lleva una cuenta exacta del número de personas que sucumben a las tormentas y a otros peligros que se dan en el camino.

Entre 2008 y 2009 se registraron más de 15 incidentes marítimos mortales, con al menos 150 muertes confirmadas y unas 120 pérdidas más en el mar, con mujeres y niños entre las víctimas.

Los dominicanos, cubanos y haitianos dominan los flujos mixtos de inmigrantes y refugiados hacia el norte. Sin embargo, la perturbadora variedad de rutas y puntos de tránsito, y la creciente diversidad de las nacionalidades involucradas revelan una situación mucho más compleja.

Si bien la mayoría son migrantes en tránsito, un pequeño número de refugiados se mezclan entre ellos. Los recién llegados ponen a prueba los sistemas de asilo, a veces débiles.

Los centros de recepción en las islas se orientan más al turismo que a responder a las necesidades de migrantes deshidratados y maltratados por la intemperie.

Las barreras idiomáticas y las diferencias socioculturales generan problemas desconocidos para los funcionarios gubernamentales y la población local.
Los refugiados tienen la misma probabilidad de ser interceptados, detenidos, acusados de ser inmigrantes por motivos económicos y rápidamente deportados como de ser admitidos en un sistema nacional de asilo.

Pero incluso para los pocos que son admitidos las tasas de reconocimiento como refugiados son uniformemente bajas en todo el Caribe. En tales circunstancias son esenciales las asociaciones eficaces para garantizar unos niveles mínimos de protección para los refugiados.

Con este fin el ACNUR ha establecido una red de voluntarios de enlace honorarios para llevar a cabo una protección esencial gratuita en diez localidades clave de todo el Caribe.

Provenientes de todos los ámbitos de la vida, estos voluntarios están conformados por jefes de las sociedades nacionales de la Cruz Roja, profesores universitarios y orientadores legales.

Ellos han llenado algunas de las lagunas que el ACNUR no puede aspirar a cubrir con su pequeño equipo itinerante que opera fuera de Washington.
Los acuerdos de asociación con organizaciones no gubernamentales en Belice, la República Dominicana, Haití, Jamaica y Trinidad y Tobago, son otra pieza esencial del rompecabezas de protección que ahora se extiende en todo el Caribe.

Entre tanto, la conferencia regional en Costa Rica ofrecerá nuevas oportunidades para los Estados del Caribe para interactuar con sus contrapartes de América del Norte y América Latina con problemas similares.

El objetivo de todos es dar una protección efectiva a los refugiados que llegan a sus costas y proveer soluciones humanas para miles de personas migrantes.


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