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Washington acoge foro sobre Reconciliación

Lunes 6 Abril 2009

Jesse Dylan, el creador del video “Yes we can” de Obama, ha editado una obra espeluznante sobre el poder del perdón


Darfur, Ruanda, Israel y Palestina, Liberia. Son historias de odio enquistado hasta la médula. Mancillan el planeta y la especie humana. Se cobran la vida de millones donde arraiga. Extirpan la convivencia durante generaciones.
En Washington se ha celebrado un encuentro internacional para abordar el problema. Jornadas para la reconciliación con la participación de esta casa, RTVE. Ejemplos traídos de todo el mundo para reflexionar sobre las causas y proponer soluciones.

"Nuestro mundo se enfrenta cada día a la enemistad, la diferencia y el desacuerdo. Como población, hemos perdido de vista el poderoso efecto de la reconciliación. Ahora más que nunca, las consecuencias de fracasar en esta vía son enormes. La reconciliación se hace de uno en uno. De persona en persona. Ya es hora".

Es el mensaje visual de este Foro de la Reconciliación: un vídeo de Jesse Dylan. El director de las campañas publicitarias de Nike, Motorola o Nintendo. El ganador de un premio Emmy por "Yes We Can Song", inspirado en Barack Obama y tótem musical de su victoria. El creador de proyectos para combatir el SIDA en África o los microcréditos para paliar la pobreza.


Esperanza sobre el horror

Un montaje espeluznante de testimonios de personas que mamaron el odio de los pechos de sus madres y lo transmiten a sus hijos. Víctimas y verdugos, arrepentidos o recalcitrantes. En Siria o en las colonias judías de Cisjordania. Ecos de la "Radio del Odio" en Ruanda. Neonazis a la caza de rastas, musulmanes o latinos. Y blancos, porque la serpiente de Hitler también se incuba en la raza negra. Odio que se alimenta de la pobreza, la falta de educación y la impunidad.

Pero no insuperable. Immaculée Ilibagiza perdió a 95 familiares en Ruanda. Tutsi o hutu, ¿que importa? Si ella es capaz de perdonar a sus asesinos, cualquiera puede hacerlo y liberarse del dolor. Es cierto que la reconciliación sin justicia no funciona, pero como señala el presidente del Foro, el premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu, "la justicia no pierde el tiempo con los asesinos, porque considera que son irrecuperables. Y no es cierto".

Historias de un "verdugo"

Ishmael Beah fue un niño soldado. Combatió durante tres años en la guerra civil de Sierra Leona, hasta ser rescatado por UNICEF y acogido por una familia norteamericana. Embriagado de marihuana y anfetaminas, mató a "más personas de las que se puede contar". Entrevistado por RTVE.es, Ishmael reconoce que no puede olvidar esa experiencia. Requiere tiempo y no tiene remedio fácil.

"Aprendes a vivir con los recuerdos de la guerra. Aprendes a transformarlos en algo positivo. A apreciar el verdadero significado de la palabra paz. Durante años temí morir en el próximo minuto, por eso, cuando me levanto cada mañana, es más importante para mí; yo sé lo que significa." Ishmael trabaja para UNICEF en países como Brasil, Jamaica o Bolivia. Comparte su experiencia. Y los jóvenes que escuchan cómo superó su guerra, aprenden que también ellos pueden hacerlo.

Historias de una víctima

Yehude Simon es ahora primer ministro de Perú. Pero en 1992, como dirigente de Patria Libre, fue condenado por el régimen de Alberto Fujimori a 20 años de prisión por apología del terrorismo. Simon no duda cuando le preguntamos si estaría dispuesto a perdonar a su verdugo. "No tengo inconveniente en visitar a Fujimori y darle la mano".

Pero insiste en que subrayemos que reconciliación y justicia no son incompatibles. "Una cosa es reconciliarse y otra que no se haga justicia. El que se reconcilia debe saber que lo hace sin condiciones. No puede ser que yo me reconcilie y ahora abra la puerta. Eso no es reconciliación. Eso es conveniencia.

Historias de políticos

La realidad de la reconciliación debe enfrentarse a los intereses de la geopolítica y los negocios. Y la intervención en el Foro del ex presidente de la Unión Soviética, el también premio Nobel de la Paz, Mijaíl Gorbachov, ha dejado un poso amargo. Ha sido interpelado por Manute Bol. Dos metros veinte, jugador estrella de la NBA, nativo de Sudán, Bol no se ha andado por las ramas. Le ha reprochado a Gorbachov que Rusia alimente el conflicto vendiendo armas a Sudán. La familia de Manute fue asesinada con ellas.

El líder que permitió la caída del muro de Berlín ha desviado la cuestión a la falta de acuerdo en Naciones Unidas. A la impotencia de los organismos internacionales. Ha reprochado a Estados Unidos que sea el principal fabricante de armas del mundo. Ha repartido responsabilidades con China, otro suministrador del régimen de Sudán. Pero ni una crítica a su propio país. Ni una solución inmediata. Ni una ventana entreabierta a la esperanza.


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